Mon y el primer texto (Cómo guardar 5 años en una bolsa de plástico)

Este es el espacio rezagado donde he de publicar aquellos textos que tenía en el blog anterior o que había enviado por e-mail. Y como a algunos les gustan los textos cargados de sarcásmo hacia la vida, pues también pondré algunos e-mail que mandé tiempo atrás a mis contactos. Así como los tatuajes son el reflejo de la vida de la persona al momento en que se hacen, estos escritos reflejan lo que sentía en el momento.

Cómo guardar 5 años en una bolsa de plástico            Agosto del 2001. Hace 5 años una chica que conozco le prometió su cabello a una amiga. La amiga dijo que lo compraría para hacerse unas extensiones con el; y Ella le creyó. En ese momento Ella aún creía… 

Pasó el tiempo y cuido el cabello lo mejor que pudo, pero la vida giró drásticamente y tuvo entonces que cuidarlo del cambio. Los ídolos, los dioses, las personas que admiraba, las que quería, los recuerdos, las ideas, las ilusiones, los sueños, las máscaras, todo, se fue cayendo…descubrió la soledad. 

Se aferró a lo que aún le quedaba, aprendió a creer en la esperanza. Siguió soportando cambio tras cambio, creyendo en ideas forzadas que habían sido creadas a partir de retazos de otras ideas ahora despedazadas. Pero pronto, esas ideas también murieron. Después perdió la capacidad de creer… 

Intentó seguir por muchos caminos, siempre pensando en la libertad y en un buen mañana. Sabía sus limitaciones como ser humano por lo que pensó muy bien sus pasos. Pero el mundo continuaba desgarrándola. Seguía cuidando el cabello desinteresadamente, como si fuera algo externo a su cuerpo, como una planta que crecía y crecía; no quería involucrar esta última promesa en su padecer. Era la esperanza al fondo de la caja.  

Trató de buscar en los demás la cura, de dar lo que tenía para los demás, darse a sí misma, pero encontró decaída tras decaída; nunca dejó de aprender: A NADIE LE GUSTAN LAS PERSONAS TRISTES. 

             Pronto comenzó a olvidar cosas importantes, mas no así su tristeza. En su interior se mezclaban su conocimiento, sus sentimientos, los pedazos de memoria que quedaban y lo que vivía todos esos fatídicos días; sólo las dudas la acompañaban. Aprendió a vivir con el miedo en su pecho. Pronto recordó aquella promesa y comenzó a dudar, a temer… 

             Cuando ya no tenía mucho de sí misma el cabello también enfermó. En él se reflejó todo el mal que le aquejaba. Esperó en vano una llamada, un reencuentro, pero ya no creía en milagros.  

             Fue entonces que sus demonios internos comenzaron a moverse, preocupados e inquietos, en su interior. Buscaban aquella luz que antes les daba vida. La llevaron a probar otras vidas y otras lenguas. Utilizaron los últimos recursos que tenían. Ella se dio cuenta que si no tenía ya nada en qué creer, entonces podía crear.  

            Sucedió, entonces, que se cansó. Se cansó de esperar de las personas más de lo que éstas consideraban dar y de exigirle al mundo más de lo que éste podía dar. Se cansó de dudar, de buscar la esperanza; se puso a crear. Creó ideas, imágenes, seres, mundos; algo en qué creer.  

5 años pasaron en esto; ahora continua creándose a si misma. Tiene nuevos intereses y nuevas personas en su vida. Aún duele, pero planea seguir adelante. Hace poco decidió cerrar el ciclo: se cortó el cabello. La larga trenza fue guardada en una bolsa de plástico que aún no ha sido cerrada. Será su único puente al pasado, recuerdo de su aprendizaje… 

Mañana cerraré esa bolsa, después de haber publicado esta carta. Entonces, comenzaré el ciclo,  otra vez… 

                                                           Ileana Lizette

Escrita el 15 de agosto del 2006

4 pensamientos en “Mon y el primer texto (Cómo guardar 5 años en una bolsa de plástico)

  1. Zuly dice:

    Dios!!! k lindoo 🙂

  2. lucybellico dice:

    a veces existen personas que pueden describir tu alma con mejor exactitud…..

  3. Ery Garcia dice:

    siempre es bueno escuchar que no estamos solos, que no somos los únicos… para la chica en la historia ya pasaron seis años; yo apenas comienzo mi cuenta… deséame suerte, o mejor aún: deséame fuerza. gracias.

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